viernes, febrero 12, 2010

Los niños y sus efectos terapeúticos

Una araña aparece pomposa con sus popotillos largos de color negro, busca un recoveco en el cual internarse. Mi cuarto está hecho un asco, eso es bueno, hay movimiento, muchas cosas removiéndose, sólo falta acomodar y desechar otras tantas, pero el ánimo sólo está en sacar y sacar.

Muchas tardes con la puesta del sol lamenté no haber estado como ahora; otras tantas festejé ser como era en ese entonces.

Cargo una maleta, lo sabes, llena de melancolía, desazón y en ratos de alegría y una extraña locura atemporal. Me entiendes mejor que nadie, te comprendo mejor que cualquiera, hay un código...la araña pasea de nuevo, sube, baja torpemente; a un ligero soplo corre despavorida sin rumbo; cuelga de una caja de whisky...

Escribo en el pizarrón rosa. Sigo revisando los exámenes, completando la bitácora de las actividades de la semana, pienso en los niños en lo que es adecuado para que lean, que vean...y en los tantos clichés por los que los mueven en aras de la "educación correcta", quiero mostrarles de todo esto, de lo que se está hecho, me inunda una energía desbordante y una sonrisa que hace meses parecía haber sido ofrendada por última vez, pienso en lo que me dirías, ya lo tengo, la sonrisa se multiplica, me falta tu palabra pero tengo tu sonrisa...Estos niños me han devuelto el ánimo, han llenado el corazón, han sembrado nuevos retos e impulsado con su inocencia los sueños que habían quedado resguardados en el baúl...estoy llena de alegría y amor...Cada día es un nuevo acontecer, los quiero, los procuro como una familia, me alimentan y curan este endeble corazón.

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