Todo aquí tiene un dueño, un origen, una musa. A veces sucede cuando uno escribe, en que toca fibras comunes, o que la gente que conoce a ese otro ser que escribe se siente aludida -lo cual puede ser bueno, malo, o ambas-. Al escribir no pienso en encontrar lectores, pienso en que los lectores se encuentren a través de una palabra, un sentimiento común, una inquietud y así tejer una comunión lector-escritor.
Y escribo, sí, esto está disponible, sí, pero soy un ser congruente, unificado, no es uno el que escribe y otro el que vive, lo que quiero decir es: el escribir no suple la vida, la adereza, la jerarquiza, la ordena, la alimenta, etc; ni viceversa.
Cuando siento algo por alguien se lo digo. Sabina, no espera, no planea, no deja a la interpretación; es. Y asi, lejos de simulacros, de malas interpretaciones, lo mejor es confrontar el ser. Este espacio está ocupado, reservado tal vez, y no por alguien físico sino por toda esa especie de signos, significaciones y demás que me mantienen llena aquí.
Las extrañas coincidencias y alusiones comunes, pueden ser indicio de otra cosa: no de poseer o abstraer tal coincidencia hacia sí. Nos queda un largo camino por descubrir. Un enorme abrazo mi lector escondido, del cual apenas sé me leía con asiduidad y ésta vez escribo para él.

