miércoles, marzo 16, 2011
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lunes, diciembre 13, 2010
Racha de sueños
Suppose we never fell in love
miércoles, diciembre 01, 2010
¿Será así la eternidad?
lunes, agosto 16, 2010
Alfonso 9 meses sueños profundos
lunes, junio 07, 2010
El túnel en el andén.

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martes, mayo 25, 2010
Pensamientos en un vaso de agua
jueves, abril 22, 2010
lunes, enero 11, 2010
Hoy regresé de Xibalbá'
Hoy regresé de Xibalbá. Con las piernas pesadas como enormes losas apenas pude regresar. Alguna vez oí decir que existe otro lugar, claro, bajo la premisa de que estamos en un lugar siempre existirá la ilusión de otros lugares, pero este lugar no es una ilusión, es un espacio ancestral donde se viven todos los tiempos en un tiempo, hay aves, quetzales, árboles frondosos remojados bajo el halo de luz y la lluvia de septiembre, se pasa de lo árido a lo cálido en cuestión de segundos, hay varias cavernas terrosas húmedas, e infinidad de colores terracota en los muros de piedra. Los sonidos son hermosas armonías del andar del agua, del unísono cantar de las aves, del rugir, gemir y pisar de mamíferos, del viento regodeando su andar entre los árboles, la luz matinal y su centelleo.
Cuando llegué observaba una especie de árbol que en su parte más alta contenía un nido, aunque sólo pude ver las plumas turquesa atisbé a lo lejos un caudaloso lago por donde la gente se arrojaba en una especie de sacrificio, se entregaba a la tierra. Me acerqué, tan profundo como mi pesar, tan cristalina el agua como mi sentir, tan rutinario el cliqueo del agua como mi andar, me arrojé, es ese lugar donde pertenezco, pensé. Todo se nubló.
Fuera de la selva chiapaneca, los índigenas solían tender su rebozo y vender o intercambiar sus mercancías para comer.
Mientras caminaba por un lugar cuasi desconocido, es decir, era la ciudad en su versión 1920, los caballos remolcando carruajes, bullicio en las periferias de la plaza de la constitución, un vaivén constante de personas, gente en sus pequeños locales ofreciendo sus oficios –carpinteros, peleteros, sastres, etc-. Después de recorrer cada local, sorprendiéndome de lo tan diferente que era, de cómo la gente acudía a las personas en busca de su oficio, de cómo el andar no era temeroso y de cómo las formas de andar eran otras. Así mientras zurcía y pegaba el excedente de pegamento en la libreta, atisbé unos zapatos conocidos. Bueno, tal vez no puedo presumir que conozco los zapatos de todos los seres con los que me cruzo, pero aquellos zapatos impelían que mi mirada subiera. Así, miré. Mientras seguía con mi oficio, él cantaba, yo cantaba aún más fuerte hasta que desesperada de competir, dije: - Te gané, mmm. Ves, siempre gano-
A lo que contestó: - Sí, así parece-
Suavicé mi voz y mi arrogancia, me acerqué, contemplé su rostro, era él, quien hace tiempo me había dicho tantas cosas que parecían crudas a mi parecer y que en su corazón estaban en su punto, detalles que no olvidé por la forma tan cuidadosa, locuaz en la que se internaron aquí. Me levanté y lo abracé - ¡Qué gusto estar así!-
Aunque viéndolo desde este punto, no creo ser la ganadora, tendríamos que estar juntos, dije en una especie de diálogo sin palabras, en un diálogo impreso de emociones y sentimientos tomando forma de humo recorriéndonos. Cerré los ojos y lo abracé con mayor fuerza, como si en ésta se extinguiesen todos los días agrios, sentí mi pecho saltar.
Abrí los ojos de nuevo, en la orilla del río estaba aquella ave y en mi pecho un manojo de plumas turquesa y marrón. Apenas pude levantarme, caminé, apenas pude regresar...
lunes, enero 04, 2010
El extraño del bosque
Amanecí, con suerte, sin piquetes de mosco y con la tranquilidad de no haber batallado con zancudos, arañas o ratones. Últimamente los insectos y demás bichos rastreros han rodeado mis zapatos desgastados, por ello no me sorprendió que la araña que colgaba de la mesa de centro jugara en los recovecos de la madera agrietada. En un descuido la terrible araña había dado vida a una extraña ave de plumas pardas, segundos después, una lluvia de plumas turquesa y sepia con pequeñas motas grisáceas, al siguiente aleteo un escarabajo brillante caminó sobre una de las patas y apareció, de nuevo, un extraño arácnido.
Regresé a la ventana, no había aves cantando, ni escarabajos subiendo. Salí del cuarto, al paraje contiguo donde un columpio sostenido con un par de maderas que rugían cual animal moribundo llenaban la postal. Con los pies rozando el suelo en cada vaivén del columpio, destapé un pequeño agujero donde una hoja roída guardaba unas cuantas palabras ininteligibles. Paré el balanceo y me acerque, mientras removía la tierra, un pantalón azul apareció. Me levanté, lo miré, me miró, frente a frente quedamos el sujeto de mezclilla y yo envuelta en un tul blanco. Se acercó con la efusividad y la pasión propia de los enamorados ausentes, giró la cabeza hacia la izquierda, rozó mi nariz en tres ocasiones y con ternura me besó. Me besó con esa intensidad propia de los amantes despojados de disfraces y pesares, con la tranquilidad de quien llega al final, al lugar donde le esperan. Lo besé, enseguida el cuerpo como agua en ebullición, sentí esa irrefrenable presión de compartir con la ternura, pasión, amor, mi amor. Hacía tanto tiempo en que en este bosque no aparecía un olor en el viento como éste, una curiosidad que me sacara de casa y me introdujera al traspatio. Sin pretensión, sin miedos ni desconfianza cubriéndome, arropé al extranjero, y en ese diálogo sin palabras, de miradas y movimientos, muy fuera de lo mundano, recibí el primer día del 2010.
Radiante, motivada, alegre, cálida y con una enorme sonrisa me levanté, sólo para notar los horribles piquetes que se tendían como enormes llagas en mis piernas.
viernes, noviembre 20, 2009
Si puedo volverte a ver
martes, octubre 27, 2009
La belleza y su don aterrador
La última vez que soñé que uno de mis dientes estaba fuera de su lugar, horas más tarde me encontraba ante un miedo más temible que el de la carencia estética de un molar. Hace unos días ocurrió que uno de los dientes frontales caía, era bastante incómodo y a ello precedieron días peores, repletos de dolor muscular y una extraña cefalea migrañosa -lejana a la sintomatología común-.
El 16 de octubre estaba en una carretera, sucedía una accidente de auto convertida en carambola. Salía con un terrible dolor en la columna vertebral, como pude caminé hacia una reja, entré a un lugar tenebroso, lleno de sombras. Me escondí porque no sentía protección en aquel lugar, ví como mataban a un hombre de manera violenta terminaron con su vida; permanecí en un rincón para no ser atacada. No entendí por qué mataban al hombre, tampoco por qué en ese lugar que se veía como un hogar perseguían al sujeto. Era un terreno bajo suelo, sostenido en frente por una reja y una puerta de alambre. Así ni ayuda, ni consuelo, desperté temiendo los autobuses y aquel sitio subterráneo.
Y estos tres últimos días han sido escenas llenas de color, matizadas bajo el gris del cielo, colores intensos, contrastantes, donde las formas parecen irreales, con los cuales la púpila se deleita incrédula y sospecha falsedad en el escenario. Aún así, tomé un carrito en forma de dragón e hicé un recorrido sobre el mar maravillándome con el castillo sobre las aguas de la isla; incrementó la velocidad, temí y enseguida me llené de angustia por percibir la falta de control en el camino cuando comenzó a fallar el tren.
Más adelante el escenario, tres sillones color durazno y mamey, y un gran ventanal desde el cual se apreciaba el bullicio de la calle. La ventana se encuentra protegida con hererría en color negro. Mientras observo por la ventana contigua, la de mi cuarto, un sujeto canoso y otro joven de piel muy blanca pelean, no sé por qué discuten, la gente pasa y se instala, cada vez hay más gente. Regreso al ventanal principal para observar con mejor presición; el sujeto canoso alcanza al blanco y le asesta un fuerte golpe -al parecer sin razón-, él trae una enorme cámara en el pecho. De nuevo llega alguien a quien trataba con autoridad, el afectado entra a la casa y permanece sentado a petición del dueño del hogar.
Han sido días densos, artificiales en los colores; dispersos en las formas; nítidos en temor.
viernes, septiembre 11, 2009
Agosto y su sensatez
Lejos del efecto fébril de los meses antecesores, Agosto se posiciona como el mes que da su justo sabor a las cosas. Así puedo decir, los primeros días y bajo el imperio de los sueños develé mi inquieto corazón; compré un par de boletos al viejo continente; comenzaron las clases de portugués; me asomé a una puerta entreabierta y cerramos varias más descaradamente afianzadas con seguro por detrás; cosecha de cumpleaños; estampillas, exposiciones y películas -tocantes-; sueños densos; enormes banquetes; grandes adioses y lágrimas terrosas intermitentes a lo largo del mes y el último día, igual bajo el imperio de los sueños, a petición de un amigo, escribí un melancólico texto del andar .
Así "hago mi agosto". Expresión que ejemplifica a este mes como el de las cosechas. ¿Que comeremos?... ¿eso que almacenamos y cultivamos con ahínco?, ¿Cómo están los temporales?...¿será exquisito?...¿Habrá que esperar?
martes, agosto 18, 2009
¿Cómo preparar un sueño?
Mis sueños a últimas fechas se han presentado densos. A ello, se suma que los banquetes han sido memorables y abundantes en carne y vino, demasiado carbohidrato para la cena.
Alguien nos persigue en estas calles desiertas y tomamos un atajo, cruzamos la calle, nos tomamos de la mano y saltamos el alambre de puas con cierta dificultad; al tiempo que nos encontramos en un sitio más oscuro acompasado de cuatro paredes -en teoría más seguro que el exterior y más segura con a compañía obtenida, un deseo onírico cumplido-. Hecho que terminó con la fuerza y brutalidad con la que tres tipos nos separaron y me llevaron a un cuarto verde enlamado y mohoso, sus gestos eran soeces, asquerosos; en cuanto pude corrí, escalé a otro predio en construcción y un cúmulo de gente se aproximaba vehemente. Grité y pedi ayuda a las personas que regresaban de la peregrinación pero sólo obtuve indiferencia, apatía y negación. Callé. E irónicamente llegué a una casa donde me buscaban, querían retenerme para una especie de festividad, afortunadamente bajo los dones oníricos logre ser invisible- jaja, a nadie le gusta ser atrapado, ¿no es así?-. Un hermoso ventanal apareció frente a mi, un enorme vitral, y la lluvia apelmazando la imagen.
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Contraste. Aparecí en un lugar inundado de luz, todo vacío, sólo una linda y estética escalera marrón con incrustes dorados y nosotros. Al lobo ibérico le dijeron que viajaría, lo cual acrecentó su mirada bucólica y sonrisa salibante, Vermont, el destino, lindos montes y tierra para un lobo aunque peligroso. Su joven alegría por lo dicho contrasta con mi playera verde y mi apático estado de ánimo. Mi tiempo. Tomé con desdén las cartas, pegajosas, salieron: 1) una totalmente negra, 2) un cubo y unos escalones reflejando al exterior, 3) una color pastel, como durazno y 4) una brumosa que no alcancé a percibir. Apática seguí. El tipo de apariencia desconocida y confianza desmedida me dijo:
- Vas a emprender un viaje -reí, por supuesto-
y alguien más con su lindo sarcasmo dijo -¡Siempre!-, reí de nuevo.
-Todo estará perfecto-, quedé tranquila sin dudas ni apatía. Extrañamente me reconfortó.
El siguiente lapso fue un capricho, pensé en mi deseo de quitar los miedos y barreras. Balanceando la copa de vino, su hermoso color y el vaivén provocado por el movimiento de mi mano me embelesó, besé la superficie de la copa, degusté su olor fresco como nunca antes lo había hecho. Pese a la falta de madurez en conjunto, vino-paladar, esta vez la coordinación fue excelsa, un lindo cosquilleo en todo el cuerpo, ¡qué placer!
¡Qué cosa Agosto, sus sueños, su temporalidad...me abismo!