miércoles, julio 28, 2010

Enferma, de nuevo.

Desconozco por completo la razón científica de mi padecimiento. No he creído en los escuetos diagnósticos que me recetan vitamina B, y señalan que es tristeza o enojo lo que provoca el malestar. Salgo de consulta con la sonrisa irónica de saber que el mundo no es entendido y se cree que lo es, que con esas medicinas estaré mejor. Mi malestar tiene más que síntomas a medicar, parecerá una situación ilógica pero ya no compro las medicinas, a veces las tomo un día y las abandono porque todo sigue igual. Digo ilógico porque así podría evitarme también la visita al doctor.
A cambio, reconozco lo extraño del dolor y su forma de presentarse, acompañado de días fríos, oportunamente atípicos, de cielo gris, luz blanca penetrante y sol fugitivo. Hasta esos triviales detalles parece una mera migraña que empeora, sin embargo es a todos los habitantes de la casa a quienes ataca tan extraño dolor que dista del típico dolor de cabeza, es más bien un peculiar pesar similar al que sentiríamos de poseer un corazón pesado latiendo en la cabeza, punzadas, o golpes discordes de una orquesta viviendo en nuestra cabeza, lo que más duele es el grupo de percusiones, los címbalos, no soporto el dolor, no puedo estar de pie y tampoco silenciar la orquesta, pues actúa siempre a capricho. Capricho que aún no entiendo. Es cierto también que cuando la orquesta hace su aparición triunfal, días más tarde "algo" trágico o difícil sucede. Mi mamá, ser escéptico y metódico por excelencia, solía lamentar mi situación "especial" hasta que a ella se trasladaron los dolores, dando las tres de la mañana con un dúo de taquicardía, orquesta al doble, sudoración, mareo, y demás.
A partir de la segunda ocasión que sucedió, que a un mismo tiempo nuestras orquestas entonaban, comenzó a rezar, bendecir, colocar un vaso de agua bajo la cama, todas medidas compartidas por gente cercana.
En fin, ni el vaso de agua bajo la cama ha dado calma, pues una vez extrañamente éste se rompió. Estoy enferma de nuevo.

sábado, julio 24, 2010

Me arrojé al río...

Vacaciones de verano, esos largos días con su sol naranjoso iluminando las tardes en la ventana de mi estudio. No biblioteca, no tarea, no trabajo, nada "qué tener que hacer". No se si sobreviva a ese tiempo en pausa, he logrado salir de la aplastante tristeza arrojando, a veces, una red al cardumen de malos pensamientos, librando así el terrible movimiento acuático que provocan en mi cabeza.
Se ha dictado la sentencia al sujeto U, justo el día en que tendrías aquella edad que le fue asignada en años por su soez y torpe impulso de dispararte, rozagantes 27 años, 5 meses. Siento aún como si el tiempo jugara el tipo de bromas que uno ve en las películas y lee en las historias de ciencia ficción, así imagino que lo que parece real no es real, que algún día despertaré riéndome y teniendo a lado a los seres que hace tiempo deje de ver de manera abrupta por la "prematura" llegada de su caducidad en la tierra.
No sé qué mas decir, no sé si ahora sea yo quien figure diálogos inexistentes -como esos que relataste en aquella despedida adelantada, el 9 de octubre: http://estasruinasquevesblogspotcom.blogspot.com/2009/10/ocultamiento.html -.
Sin embargo, los peces en vaivén acuden cada tiempo a esta agua tan dulce, pese al intento inútil de salarla a fin de que consigan un mejor hogar, pero es inevitable el agua siempre ha sido el elemento en el cual se da en sí misma la resurrección y la transición.


Letra:

I jumped in the river
black-eyed angels swimming with me
a moon full
of stars and astral cars
all the figures I used to see
all my lovers were there with me
all my past and futures
and we all went to heaven in a little row boat

There was nothing to fear and nothing to doubt

Nota: aves, el túnel, la biblioteca, el ángel y el andén.

lunes, julio 05, 2010

Hay una luz. Sácame de aquí.



Strangeways
Traffic
..."And in the darkened underpass
I thought Oh God, my chance has come at last
(But then a
strange fear gripped me and I
Just couldn't ask)"
Éxtasis
I'll be fine... "Take me out tonight. Oh, take me anywhere, I don't care, I don't care, I don't care..."

:)

viernes, julio 02, 2010

El insecto verde de alas difusas

"...estoy sentado en un cráter desierto, sigo aguardando el temblor..."

A veces, creo que sólo hago tiempo, no entiendo mucho de él pero sé que es parte de los grandes problemas de las personas, después de la incomunicación, y la honestidad.
De un tiempo a la fecha ni siquiera mis soliloquios son capaces de animarme, esta idea de sentir que alguien más no visible está siempre conmigo parece comenzar a perjudicar mi rutina y mis relaciones sociales, no en vano de noviembre a la fecha me he esmerado en potenciar mi virtud de hongo alucinante y a la postre mi agenda está integrada por 4 teléfonos que nunca marco.
Lo único interesante es que no dejo de sorprenderme y de espantarme de que las cosas sucedan como a veces adelanto serán, y no hablo de las cosas triviales sino de las vidas que acompañan mi andar taciturno y solitario. Tal vez es por eso que disfruto más la ausencia que la presencia.
***

Tomé el lugar habitual en el autobús, aquel cercano a la ventanilla y lejos de los roces corporales incómodos. Mientras el cielo grisáceo arrojaba enormes gotas aquella mañana mi mirada se ensimismo con el correr de un par de marcas de agua sobre el ventanal. Eso observaba en primer plano, de fondo me abismaba por la cantidad de gente que se veía cruzando la calle, a bordo de los autobuses, esperando sobre la avenida, los claxons creando terribles sinfonías de desesperación, gente gritándose o discutiendo por el celular...me entristecí.
Seguí el curso de la gota cuando de pronto apareció un insecto verde neón que contrastaba soberbiamente con el gris matinal. Su sólo brillo encendió una serie de pensamientos y reflexiones que apagaron el oscuro exterior.

Mientras versaba por milésima vuelta el pensamiento de ¿Cómo sería si...? El insecto verde permanecía aferrado a la ventanilla con una postura tan gallarda...me pareció extraño, ni la intensa corriente de aire lograba disuadirlo de alejarse en busca de un árbol. Mientras lo admiraba, pensaba en su inevitable caída y en lo efímero de los momentos "Let it be, let it be..." sonaba oportunamente, así tiene que ser, supuse, y sonreí. Disfrutar el momento, pequeño, ese instante cuasi orgásmico en el que las almas se encuentran, y comparten este tiempo-espacio.
Disfruté y agradecí el tener esa milimétrica vista verde que nadie más podía disfrutar, miré todo lo que me rodeaba, regresé la vista hacia mi ventanal en busca de mi acompañante y éste había desaparecido, busqué arriba, abajo, en la siguiente ventana pero se había ido. No buscaba poseerlo, sólo agradecerle el hacerme sentir de nuevo ese espíritu de sorpresa y exploración. Había llegado a mi destino, agradecí de nuevo y me guarecí bajo la lluvia en las notas que seguían sonando de forma melódica en mi mente.

lunes, junio 07, 2010

El túnel en el andén.


Mayo 2010

Caminaba como siempre a paso apresurado, evadiendo las banquetas crecidas y los matorrales pronunciados, después de diez minutos, vuelta a la esquina y ¡bingo! en el metro. Tal vez la hora, tal vez cuestión de suerte, el andén estaba casi vacío excepto por el señor de intendencia que con su escoba de mechitas de color naranja limpiaba las orillas del pasillo y dos tipos más encapuchados con esas sudaderas borregas que suelen esconder el cuerpo y la mitad del rostro...Temí un poco, su aspecto me daba la impresión de que escondían algo pues entre susurros reían y señalaban la parte baja de la vía y movían sus manos en diferentes direcciones, cuando la mirada de uno de ellos se posó en mi, sólo atiné a voltear la mirada para donde el barrendero estaba segundos antes, ya no estaba, quedábamos sólo nosotros tres cuando una par de señoras con aspecto extravagante entraron al andén en dirección contraria.


Esos minutos parecieron eternos, una voz anunció: "Estimado usuario debido a una falla técnica en uno de los trenes el servicio ha sido suspendido", aquella letanía parecía una mala pasada -¿por qué justo el día en que el andén estaba vacío y debía llegar a mi cita con Margites, en aquel lugar donde nos vimos por última vez cuando nos despedimos.
Recuerdo aquella última vez con tanto pesar, ese día corrí apurada para tomar el tren hacia Barranca del Muerto, con mis apuntes, libros y libretas en mano casi al borde de tirarlas, y él estaba allí en medio del barullo, bajo el reloj recargado en la superficie de las escaleras. Lo vi casi después de medio minuto que él llevaba observándome batallar con mi maleta y demás objetos, hasta que la sensación de ser observada rompió el ensimismamiento en el que me encontraba.

-Hola, ¿Cómo estas?, ¿Por qué no me saludabas?
-Te vi muy ocupada ordenando tus cosas y no quise interrumpirte.
-Gracias, cómo te habrás dado cuenta una mano extra no hubiera estado nada mal- repelí con sarcasmo.
Sonrió y enseguida siguió en una contemplación feliz cada uno de mis movimientos, que para ese tiempo eran contradictorios, quería organizar mis cosas pero también quería platicar con él, así a medio hacer ambas, le pregunté:
-¿Cómo has estado no me has contestado? ¡Qué sorpresa encontrarte! ¡Qué cosa tan rara!- después de lanzar cual ráfaga aquellas expresiones pensé si no contesta es porque no le he dado ni un respiro para hablar, así callé por unos segundos.
-Bien, tranquilo todo...
Apenas comenzaba a responderme cuando el tren llegó, rápido me disculpé -¡Tengo que irme! pero ¿será que te encuentro pronto?- grité entes del cierre de la ventanilla mientras mi cara gesticulaba una especie de muecas sin coherencia alguna de tan fugaz encuentro.

Con todo el coraje, caminé en dirección hacia los dos tipos que ahora estaban de espaldas a mi metiendo unas botellas en una de las mochilas escolares que traían. Con la precaución de no hacer ruido con mis zapatos, crucé frente a ellos casi a hurtadillas, sintiendo la gloria al estar ya diez pasos lejos de ellos y a veinte mosaicos de los torniquetes recorrí felizmente el siguiente pasillo.
De pronto en una de las puertas donde suelen reposar los policías auxiliares del metro, escuché como cuestionaban a varios sujetos que se supone deberían estar encerrados en la cárcel y habían escapado de tal sitio por un agujero con conexión a dicha estación. Segundos después de ésta reflexión y quince pasos de la salida, las puertas metálicas de la estación se activaron y así quedé atrapada.
Enojada entré al cubículo policial, sin respuesta alguna, allí dentro era un chiquero, la poca luz que caía del exterior mostraba huellas de grasa automotriz, restos de salitre, pero lo que más me impresionó fue el aroma a sangre y a químico, ese olor tan desagradable a piel quemada y cal, tapé mi nariz con la bufanda y seguí caminando por aquel cuarto que me había ya conectado a un pasillo, cuidando de no tocar las paredes donde se encontraban rastros de sangre y pintura desvencijada.
-¿Qué pensabas, que sería muy fácil salir de aquí?...pues te equivocas y pagarás tu arrogancia- decía un uniformado, que ya pensaba yo no era un policía y mucho menos el ser confiable que yo buscaba para que me dejará salir. Mi enojo inicial se había convertido en una extraña sensación de desnudez, de estar desprotegida, vulnerable y colocada en el centro de una situación aún más rara.
Crucé con torpeza la puerta en busca de otro pasillo que me llevara de regreso, sin luz y sin la más remota idea de saber lo que allí sucedía y dónde estaba, caminé tres pasos atrás y di con otro pasillo que conducía a unas escaleras. Ya era demasiado tarde para regresar aún sabiendo que aquellas escaleras estaban en contra dirección a lo que yo buscaba: la salida. Aún así, seguí, las escaleras ascendían a otro cuarto, que intuyo estaba arriba de la estructura de los vagones...


-¿Qué haces aquí?
Conteniendo en los pulmones el miedo que sentí al recorrer sus palabras, contesté:
-No sé que hace usted aquí, ni quién es, sólo estoy buscando la salida, el gendarme del piso de abajo me mandó con usted por ser el único que pudiera ayudarme- mentí y dije con voz firme, de esa que pocas veces acompaña mis palabras.
-No entiendo. Él la dejo pasar hasta acá para que fuera yo quien la sacará. No me suena lógico-dijo el gendarme recorriendo mi silueta de arriba a abajo con su mirada inquisidora.
-Eso pensé, pero al parecer estaba ocupado con un par de tipos, prófugos.
-Cállese, arrójese al suelo- dijo al interior del cuarto que custodiaba.
-Le dije que se comiera todo- gritó de nuevo.
Su tacto áspero hacia las preguntas que procedían del interior del cuarto me exaspero e incomodo, así que traté de no hacer nada que motivara su chirriante voz demandante, el mismo olor a carne putrefacta era aún más penetrante en aquel sitio, y procedía de ese cuarto, vedado, iluminado tan sólo por una ventanilla de 10 por 15 cms. El desfile de voces que clamaban comida, agua y exilio era interminable, como coro desafinado aturdían las estrechez de aquel cuarto.
Asomé mi cabeza, mientras el gendarme de voz áspera rumiaba en el walkie talkie con el gendarme, sosteniendo la respiración, de pronto vi a David, atado a una especie de cadena comunitaria, aquel cuarto era una carnicería, había sangre y restos de fluidos desperdigados en el cuarto, los manchones en las paredes y el insoportable hedor que de allí procedía me hizo pensar que esa situación fortuita de la falla en el tren, no lo era, esto llevaba tiempo realizándose. Cual carne en venta eran objeto de extraños sacrificios de santería con el motivo de mantener al masón mayor de la ciudad y la estabilidad en sus apócrifas finanzas, según me relató David atropellando las palabras cada cierto tiempo por el miedo a ser videograbado, pues esa era otra parte del negocio, todos eran vigilados y se escogía al mejor para ser entregado. Cuando me dijo lo de los videos, mi piel se erizó, ello significaba que nunca había dejado de ser observada, y que tal vez mi presencia allí no era casual.
Los cuerpos exhaustos reposados en un extremo del cuarto, encadenados entre sí, los cuerpos desnudos grasientos y llenos de hematomas, en extremo burlados con la idea de ganarse su libertad. De lejos hacía señas a David, compartía su encadenamiento con dos nóveles ladrones que habían entrado a una tienda de colchones y antes de efectuar el atraco fueron reconocidos por la cámara y supuestamente capturados para seguir su proceso en prisión; sin embargo, para sus familias se encontraban desaparecidos y eran inocentes palomas perdidas en algún lugar.

El walkie-talkie no funcionaba del todo bien, después de rodear en repetidas ocasiones el rectángulo en el cuál estaban hacinados los cuerpos el gendarme de voz áspera salió en busca de mejor señal. Ese momento corrí al extremo de su escritorio y tomé unas diminutas llaves, todo ello por instrucciones gestuales de David, su cara era en extremo compungida, nunca había vista tal sufrimiento reflejarse en su rostro, como pude contuve la respiración, esquivé lo mejor posible los cuerpos y la sangre, aunque de repente mis sentidos ya no percibían el olor fétido, ni el sabor del sudor que caía sobre mis labios, ni siquiera el asfixiante calor abrasador que segundos antes asqueaba y dejaba pegajosa mi ropa...sólo recuerdo como vi de lejos a David detrás de la cinta amarilla que separa a los térreos de los caídos. Quise gritarle pero no me escuchaba, o tal vez fingía para protegerme, caminé de nuevo hacia las vías y la gente estaba amontonada observando una atroz escena...

martes, mayo 25, 2010

Pensamientos en un vaso de agua

Pasaba la tarde, cotidiana, como tantas otras, reducidas a la rutina, al calor agobiante de los rayos del sol, el dolor de pies después de atravesar la ciudad, donde el llegar a casa era el único pensamiento presente y sano dentro de la odísea de maldiciones durante el largo trayecto de la universidad a la casa.

La puerta, presentada como la meta, resultó el preámbulo de una segunda prueba, el lograr llegar hasta su recámara librando los embates y reclamos de los congéneres con quienes habitaba aquel cuarto de escasos 45m...lo logró, estancó su débil y sudoroso cuerpo en el sillón, un sólo giro bastó para que sus ojos ciñeran un sueño profundo.

La tarde caía, larga como aquellas tardes de verano, donde la carrera del sol se agotaba a las 8 de la noche, bajo esta escena cayó en un sueño profundo. Al despertar buscó el teléfono de G. con quien había acordado tomar un café más tarde, cuando la noche se encontraba en su inicio tomó el teléfono y marcó. Al primer intercambio de saludos, éste afligido interpeló: "¿Cómo te sientes?, ¿Estás bien?, ¿Te hace falta algo?"...sin oportunidad de responder y no comprendiendo su ávida preocupación...G. continuó: "llevo horas marcando, me tenías angustiado, pensé que algo te habría sucedido"...No entendía nada aún de aquellas apesadumbradas palabras que taladraban su parsimonia.
-¿Qué pasó? No es para tanto, no olvidé lo del café, nos vemos donde siempre, ¿no?
-¿Pero es qué no te has dado cuenta?- replicó G.
-¿Qué cosa...?
-¿No has visto nada?
-¿Qué habría de ver?-dijo con sarcasmo, enseguida rió y se asomó a la ventana como siempre lo hace cuando quiere despabilarse y busca contagiarse de nuevo de ese ritmo citadino después de un largo sueño.
Enseguida, comprendió, no era capaz de describir lo que sus ojos tenían como "panorámica", nada de lo conocido era ya. La vista era irreal, desastrosa. Regresaron como torbellino los relatos de su abuelo, cuando le contaba que vivir por el canal de la Viga, era estar ya en las orillas de la ciudad, de cómo paseaban en embarcaciones pequeñas por los canales de La Viga, Churubusco, el Viaducto, constantemente esas imágenes se agolpaban y pensaba en cómo la ciudad de México distaba mucho de ser como Venecia, pues, tristemente, el desarrollo urbano voraz no le permitía seguir soñando, ni creer en las historias del abuelo por inverosímiles. En eso iban las cavilaciones, al ver la ciudad inundada, atascada en un marasmo de aguas negras, suciedad varia flotando, agua grisáceoverdosa golpeando los muros de los edificios con ahínco tal como si quisiera castigarles.
No observaba el fin de la fiesta. El agua aún seguía ahogando las calles, los edificios eran apenas perceptibles sólo por la azoteas, no se lograba distinguir nada más...ninguna persona, algunos automotores, sólo la furia del agua corriendo despavorida. Se espantó, cerró la persiana despavorida, después de unos segundos no resistió y abrió la ventana, quería salir. Se vio sola, tan sola que no tuvo tiempo de pensar en si había alguien más en quién pensar. Mientras G. en el teléfono intentaba relatarle lo que en un segundo su ojo había registrado, colgó. En ese instante sintió miedo, pensó en lo pronto que los muros podrían ablandarse y caer, temió quedar entre los escombros del derrumbe como una existencia más al vacío -pensamiento que siempre le invadía cada mañana y al cuál repelía repitiéndose que el estar aquí era una cosa entera de sentido por sí misma, y era una vacilada y pérdida de tiempo pensar en ello todas las mañanas, casi como pensar por qué respiramos-, aún así permaneció pegada a la ventana observando el terrible y atroz espectáculo.

Segundos más pasaron y el agua comenzó a colapsarse en un onda centrífuga, como cuando se estanca el agua, se destapa un agujero y todo escapa por allí, así, el agua succionaba todo a su paso, sintió como la fuerza se apoderaba de los objetos,y de ella. Vio su edificio desaparecer poco a poco, todo se derrumbó.
Y llegó G. Apareció en su auto color gris. Enseguida, G. le lanzó una seña y así abordó el auto con todo su pesar y odio reprimido, atrás quedaba el desastre. Guió a G. hasta salir a bocajarro de aquel sitio. Salieron por el atajo, y cayeron de nuevo inmersos en una corriente desconocida. Ya fuera de su casa pudo reconocer con mayor nitidez la magnitud de lo acontecido, y lo visto en su ventana y narrado por la radio era poca cosa a tal suceso, "terrible desastre..." decían en la radio cuando la velocidad de la corriente los jalaba al centro del abismo centrifugo, G. como pudo maniobró y libró el abismo, siguió por una vertiente y tomó el viaducto -aquel antes de agua en tiempo de los abuelos, ahora hecho concreto y vuelto agua de nuevo a fuerza de hecatombe, cual naturaleza avasalladora-. Así, a salvo en el auto de G., ahora convertido en barco, llegó al final...con el amanecer en la punta de sus castaños cabellos, y G. a su lado conversando a su nieta cómo eran esos tiempos de agua.

sábado, mayo 22, 2010

El olor secreto de las leguminosas


Cuando mi edad aún no era rebasada por el miedo y la vergüenza, y se arrojaba más a la experimentacion y práctica de los fenómenos más extraños, quise registrar en mi diario de olores la fragancia de unos pequeños gránulos rojizos y moteados que pomposos contrastaban con otras bolitas de color ámbar y sepia que veía salir de los costales del tianguis que cada viernes recorría de la mano de mi abuela.


Esos extraños gránulos de color rojo encendido me parecían tan extravagantes compartiendo escenario con los frijoles, lentejas, habichuelas, judías, garbanzos y demás granos. Su color atrayente como el carmín de los labios jaló mi nariz hasta el costal donde se encontraban brotando cual fuente. Ese día, miré a mi abuela, luego al vendedor, viré mi cuerpo dando la espalda a los atrayentes bultitos rojos y tomé uno mientras de frente sonreía al vendedor.



-Gracias marchanta, buena tarde.
-Gracias joven- contestó mi abuela

Gloriosa guardé mi trofeo en el bolso de mi chamarra, y tomé de nuevo la mano de mi abuela. Seguimos el clásico recorrido, las verduras de Doña Juana, los tlacoyos de la "indita", la fruta y la naranja dulce de Don Pepé, "las cosas del otro lado" de Doña Irma, mientras de puesto en puesto sonaba "...I just wanna just your love tonight..." con su melodía repetida y ritmo pegajoso.

El sol típico de tardes ámbar completaba el festín con su rayos quemantes, y ese calor intenso que provoca escozor y sudor en los cuerpos, y a los 20 minutos de recorrido nos tenía exhaustas. Caminamos de regreso a casa. Se veían los torsos joviales cubiertos de playeras guangas y coloridas amoldadas por pantalones a la cintura caminando por el parque, pasamos a la recaudería, por el pollo sin pellejo que le gusta a mi abuelo y las tortillas para la comida.

Ya en casa, corrí al traspatio y saqué con un fervor inusitado el granito rojo, mi trofeo, explorando su forma lo mordí, lo rodé por la alfombra hasta embelesar mi púpila, tanto que lo cogí y lo acerqué tanto tanto que quise olerlo.

Me parecía que su olor era nulo, poco atrayente, decepcionante, todo aquello maravilloso que provocaba a las púpilas en mi olfato se desvanecía, me entristecí de tener un simple frijol color rojo. Intenté por última vez registrar su aroma, fue tal la aspiración que el gránulo quedó en mi nariz.
Traté de sacarlo sin éxito. Ya sin ánimo, decepcionada y con ese frijol en la nariz, preferí dormir pensando en que era un castigo por haberlo tomado sin permiso y que tal vez con el sueño y la presión de mi rostro con la almohada, éste saldría y al despertar la lección y el castigo por robar sería sólo un mal sueño. Pero no fue así.
Mi mamá que siempre ha sido de esos seres de resultados, no de procesos, sabía no entendería nada de la historia si le contaba, así que preferí ahorrarme la historia y el regaño también. Dos días después, una especie de vello me irritaba tanto que me impedía respirar.
Esa noche, mientras mi mamá secaba mis pies vio algo extraño, y tuve que confesar lo que había pasado, pues ya no podía soportar el cosquilleo en mi nariz. Había germinado. El hermoso y reluciente gránulo rojizo tan bello, era ahora parte de mi, era un asqueroso frijol naranja con un hilacho asomándose en mi nariz.

Desde ese día, dejé las cosas bellas sólo a la contemplación. Desde ese día supe que el aroma de la belleza era una cosa poco trascendente...

lunes, mayo 17, 2010

Palabras estacionales

Palavras:
  • Absinto: Pequenha erva aromatica européia.
  • Verâo: Estaçâo de tempo em que o sol esta abaixo do horizonte. As noites sâo mais curtas no verâo.
  • Noite: No sentido figurado sofrimento, tristeza.
  • Explosâo: Comoçâo seguida da detonaçâo e produzida pelo desenvolvimento de um gas.//Detonaçâo.// Manifestaçâo viva é súbita.
Nesta noite do verâo irradia baixo os efeitos do absinto uma incesante explosâo do amor, desejo, paixâo. Tenho muita saudade de teus olhos avermelhados, mais neste estado, neste muito tempo que durou a explosâo, sou feliz no mar de absinto dos paisagems azuis e verdes...

lunes, mayo 10, 2010

Amo...

Odio la bandeja de borradores esperándome, odio mi falta de candor, no soporto el sorber de los comensales desesperados, me fastidia oir pláticas quejumbrosas, me molesta que me interrumpan, me incomoda que me pregunten cosas, me abruma el trato con las personas...
Amo el extraño amasiato de la naturaleza y los animalitos nocturnos cobijándome, amo mi sobrada pretensión, me muero por encontrar el sendero de las pasiones desbordantes y placeres dionisíacos y compartirlo con my soul, me fascina el color, las letras y la música enmarcando las escenas de mi vida, me gusta oler y observar paisajes, me encanta el helado beso de ángel y pétalo de rosa, me embelesen los sonidos y el cantar de las aves, quiero a todo aquel que ama con intensidad, me agrada el encuentro más que la búsqueda.
Odio y amo. Me agrada el encuentro dentro de las dualidades.